Mientras terminan de relevar los daรฑos ocasionados por el tremendo temporal del lunes pasado, la Provincia y la Municipalidad determinaron el nรบmero de afectados por la tormenta de una semana antes: el domingo 7. Muchos de ellos, perjudicados por las dos lluvias.
Se trata de 250 familias que recibirรกn ayudas econรณmicas de hasta 10 mil pesos. La peor parte la sufrieron 12 familias, todas de Villa Richardson, que no podrรกn volver a sus hogares y deberรกn ser reubicadas. Precisamente รฉstas fueron las que mรกs padecieron tambiรฉn el segundo temporal.
Se trata de vecinos de Villa Richardson, El Tropezรณn, Costa Canal, Mafequรญn, Villa Urquiza, Miralta, Quebrada Las Rosas, Josรฉ Ignacio Dรญaz III y IV, La Tablita, Villa รbalos, La Toma, Parque Repรบblica, Bella Vista y San Pablo, entre otros.
El secretario de Desarrollo Social de la Municipalidad, Walter Ferreyra, confirmรณ que maรฑana entregarรกn los subsidios de entre 2.500 y 5 mil pesos segรบn el grado de daรฑo constatado.
Villa Richardson
De las 43 familias damnificadas por la primer inundaciรณn, 12 ya no podrรกn volver. Muchos viven desde hace 10 dรญas en el Polideportivo General Paz. “Tuvieron daรฑos totales y van a tener que ser relocalizados”, dijo el funcionario y aclarรณ que por eso recibirรกn una ayuda mayor (10 mil pesos) y el pago de un alquiler hasta que se les entregue la casa. “Estamos realizando gestiones la Provincia y la Naciรณn para atender la situaciรณn de los asentamientos que estรกn en zonas inundables. Van a tener prioridad para ingresar en los futuros planes de vivienda”, explicรณ el funcionario y evitรณ hablar de plazos: “Estamos trabajando”.
Hoy, los tรฉcnicos de la Municipalidad constatarรกn los daรฑos ya relevados por la Provincia. Luego, los vecinos designaran representantes para formar una mesa de trabajo junto a funcionarios para la relocalizaciรณn y reconstrucciรณn.
"No podemos volver a casa"
“El agua llegรณ justo hasta abajo de la estatua de la Virgen de Lourdes que tenรญa en el comedor. Lo mismo con el cuadro de Jesucristo que habรญa en mi pieza. No los tocรณ”. Juan Lafuente se aferra a la fe para imaginarse un futuro mejor. Con su mujer alojada desde hace 10 dรญas en el centro de evacuados montado en el Polideportivo General Paz, y sus tres hijos repartidos en casas de familiares, el hombre sirve desayunos toda la maรฑana en la puerta del Hospital Misericordia.
Ese –cuenta– es el trabajo de su esposa: atender un quiosco y cafeterรญa en un carro fabricado por รฉl hace algunos meses. “Yo trabajo en la construcciรณn, por mi cuenta, y ahora perdรญ todas mis herramientas”, lamenta.
Llevan siete aรฑos viviendo a pocos metros del Hospital, a la vera de un canal, en un sector que algunos llaman Villa Richardson y otros conocen como El Chaparral. “No podemos volver, porque en dos semanas tuvimos un metro y medio de agua dos veces, y lo รบnico que sabemos es que el agua no te da tiempo a nada”, reflexiona. Las tormentas del 7 y el 15 de febrero pasaron por encima de sus casas, arrastraron sus pertenencias, y los sentenciaron a irse.
Sus hijos, de 9, 6 y 4 aรฑos, estรกn al cuidado de algunos parientes. No quieren llevarlos al Polideportivo porque las comodidades son pocas, el calor es mucho, y prefieren el ambiente familiar. “Mi mujer se viene abajo de รกnimo, pero yo le digo que estรฉ tranquila, tenemos el carro, tenemos trabajo y, aunque no podamos volver a casa, vamos a salir adelante”, explica. Y se explaya argumentando que รฉl debe mantenerse fuerte para sostener al resto.
Mientras sigue sirviendo desayunos, agradece a las muchas personas que le estรกn dando una mano. “Mirรก, ese que viene ahรญ me trae la nafta para el carro”, dice, seรฑalando a un hombre con un bidรณn que se acerca. Quiere mostrarse optimista, pero sabe que las deudas no entienden de razones excepcionales ni de fenรณmenos meteorolรณgicos. “Ademรกs tengo cosas que pagar, la cuota del auto por ejemplo, y si no trabajo no hay cรณmo”, confiesa, y se siente obligado a explicar que al auto lo comprรณ con su esfuerzo, y en cuotas. Como si hiciera falta.
“Pero volver, volver no se puede”, concluye con la voz entrecortada.
Histรณrico
Darรญo es otro vecino de la zona que nos conduce en una recorrida por la zona del desastre. Lleva mรกs de 30 aรฑos viviendo ahรญ, y jamรกs habรญa visto una inundaciรณn semejante. Omar es “nacido y criado” en esos terrenos, y en sus mรกs de 50 aรฑos recuerda que, como mรกximo, el nivel del agua habรญa tocado los 40 centรญmetros. “Por eso tenรญamos estas parecitas, para contener el agua, pero ahora tuvimos mรกs de un metro y medio, volteรณ tapias y se llevรณ todo”, describe.
Los vecinos creen que hay nuevos desagรผes desembocando en el canal, que hacen que con mucha lluvia en poco tiempo, el cauce colapse.
Frente a la casa de Omar vivรญan sus dos hijos, quienes –al igual que รฉl– acumulan pรฉrdidas totales, mรกs la imposibilidad de regresar. Provisoriamente en un centro de evacuados, o haciendo guardia en lo que supo ser su casa, o cumpliendo con las obligaciones laborales, esperan una soluciรณn habitacional definitiva, porque con la precariedad podรญan convivir, pero con el agua adentro